Santo Domingo. Tradicionalmente, la agricultura ha sido un sector visiblemente dominado por hombres, aunque las mujeres han participado en los trabajos para su producción, cada vez más generando transformaciones importantes en este sector.
Esta inclusión no solo favorece la igualdad de género, sino que también se ha convertido en un pilar fundamental para asegurar la soberanía alimentaria y el desarrollo rural sostenible en la República Dominicana.
Un ejemplo claro de este cambio es la creciente participación femenina en la gestión del agua, particularmente en los sistemas de riego. Gracias a la capacitación especializada, las mujeres se han convertido en piezas claves para una gestión eficiente de los recursos hídricos, lo que ha impulsado la productividad agrícola. Su dominio de las técnicas de irrigación no solo ha mejorado su calidad de vida, sino que también ha propiciado el avance de la agricultura en sus comunidades.
Según datos de la Dirección Ejecutiva de Tecnificación Nacional de Riego (TNR), la formación de mujeres en el ámbito del riego ha mostrado un crecimiento significativo. En 2025, el 40% de las mujeres fueron capacitadas en riego tecnificado, un incremento notable respecto al 32% del año anterior. En 2023, solo el 15% de las mujeres se interesaron por esta formación, lo que refleja un proceso de empoderamiento en un sector tradicionalmente masculino.
Eriberto Joel Tejada, encargado de la División de Extensión y Capacitación de la TNR, resaltó la importancia de la capacitación para las mujeres, ya que les permite acceder a conocimientos cruciales para el desarrollo nacional. Los cursos cubren tanto el uso como el mantenimiento de sistemas de riego, e incluyen actividades como seminarios y diplomados que ayudan a las mujeres a especializarse en diversas áreas del sector agropecuario.
Aunque la participación femenina en la agricultura sigue siendo limitada, en los últimos cinco años ha sido evidente un empoderamiento significativo de las mujeres rurales, quienes ahora se especializan más en áreas relacionadas con la agricultura, que se debe, en parte, a su deseo de contribuir a la seguridad alimentaria y a desafiar los estereotipos que históricamente las han relegado a roles domésticos.
Numerosos proyectos recientes están enfocados en fortalecer el liderazgo femenino en la agricultura, brindándoles capacitación en nuevas tecnologías, acceso a redes de apoyo y financiamiento. Estas iniciativas han abierto nuevas oportunidades, permitiendo a las mujeres competir en igualdad de condiciones dentro del sector.
A nivel global, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destaca que las mujeres representan casi el 50% de la fuerza laboral agrícola en las zonas rurales, aunque aún enfrentan desafíos como el acceso limitado a tierras, financiamiento y tecnología. A pesar de estos obstáculos, los programas de capacitación continúan mejorando la situación, promoviendo el empoderamiento de las mujeres rurales.
En la República Dominicana, las mujeres rurales están impulsando un cambio significativo, no solo con su trabajo incansable, sino también como agentes de cambio, liderando la transición hacia una agricultura más sostenible, inclusiva y eficiente.
Entre algunas de las mujeres destacadas en roles agrícolas, podemos mencionar a Florinda Soriano Muñoz, conocida como Mamá Tingó, quien fue una valiente activista y defensora de los derechos de los trabajadores del campo en la República Dominicana. Su lucha incansable por la justicia agraria la llevó a ser asesinada mientras combatía el despojo injustificado de tierras a los campesinos de Hato Viejo, en Yamasá, durante el cuarto gobierno de Joaquín Balaguer.
Otra figura emblemática es Aniana Vargas, conocida como «La madre de las aguas», quien se destacó como activista política antitrujillista, líder campesina y defensora del medio ambiente. En su honor, se creó el Parque Nacional Aniana Vargas, un espacio que incluye la Presa de Hatillo, ubicada entre las provincias Sánchez Ramírez y Monseñor Nouel. Esta presa es considerada el reservorio de aguas dulces más importante y grande del Caribe, un legado invaluable para la conservación de los recursos naturales de la región.



