Santo Domingo. Durante décadas, la agricultura fue vista como un territorio casi exclusivo de hombres. Sin embargo, esa imagen ha ido cambiando de manera contundente gracias a la creciente y decisiva participación de las mujeres, quienes no sólo han estado presentes en las labores productivas, sino que hoy lideran transformaciones profundas dentro del sector agropecuario.
La incorporación femenina no representa únicamente un avance en materia de igualdad de género; se ha consolidado como un factor estratégico para garantizar la soberanía alimentaria y fortalecer el desarrollo rural sostenible en la República Dominicana. Las mujeres rurales están demostrando que su liderazgo, preparación y compromiso son esenciales para modernizar el campo y hacerlo más resiliente.
Uno de los ejemplos más reveladores de este proceso es su creciente protagonismo en la gestión del agua, especialmente en los sistemas de riego tecnificado. Gracias a programas de formación especializada, cada vez más mujeres dominan técnicas avanzadas de irrigación, convirtiéndose en piezas fundamentales para optimizar el uso de los recursos hídricos y elevar la productividad agrícola. Este conocimiento no solo impacta sus parcelas, sino que transforma comunidades completas, mejora ingresos familiares y promueve prácticas más eficientes y sostenibles.


Eriberto Joel Tejada, encargado de la División de Extensión y Capacitación de la de la Dirección Ejecutiva de Tecnificación Nacional de Riego (TNR), informó que, en el año 2025, unas 711 mujeres participaron en capacitaciones sobre riego tecnificado, superando las 697 registradas el año anterior. Si se compara con 2023, cuando apenas unas 123 mostraron interés en este tipo de formación. «El crecimiento evidencia un proceso acelerado de empoderamiento en un ámbito históricamente masculinizado», indicó.

Asimismo, Tejada explicó que las capacitaciones abarcan desde el uso adecuado hasta el mantenimiento de sistemas de riego, e incluyen seminarios, talleres y diplomados que permiten a las participantes especializarse en distintas áreas del sector agropecuario, buenas prácticas agrícolas, manejo de cultivos, entre otros.
«Aunque la presencia femenina en la agricultura aún enfrenta desafíos estructurales, se ha observado un fortalecimiento evidente del liderazgo de las mujeres rurales. Muchas han decidido formarse profesionalmente en áreas vinculadas a la producción agrícola, motivadas por el deseo de contribuir a la seguridad alimentaria y romper con estereotipos que durante generaciones las limitaron al ámbito doméstico», destacó Tejada.
TNR impulsa diversos proyectos para potencializar el liderazgo femenino mediante capacitación en nuevas tecnologías, acceso a financiamiento y creación de redes de apoyo. Estas iniciativas están ampliando horizontes y permitiendo que las mujeres compitan en igualdad de condiciones dentro del sector productivo.
Cabe resaltar que siete mujeres han recibido bonificaciones otorgadas por el Fondo de Fomento a la Tecnificación del Sistema Nacional de Riego (FOTESIR) cinco de que en las convocatorias San Juan y dos de Azua.



Las mujeres rurales no solo trabajan la tierra: lideran cambios estructurales hacia una agricultura más inclusiva, sostenible y eficiente. Son protagonistas de una transformación silenciosa pero poderosa que redefine el futuro del campo.
La historia también reconoce figuras emblemáticas que marcaron el camino. Entre ellas destaca Florinda Soriano Muñoz, conocida como Mamá Tingó, símbolo de la lucha campesina por la justicia agraria. Su firme defensa de los derechos de los trabajadores del campo la convirtió en referente de dignidad y resistencia frente al despojo de tierras.
Otra figura trascendental es Aniana Vargas, recordada como “La madre de las aguas”, activista antitrujillista, líder campesina y defensora ambiental. En su honor se estableció el Parque Nacional Aniana Vargas, que integra la Presa de Hatillo, el mayor reservorio de agua dulce del Caribe, símbolo de la importancia estratégica de los recursos hídricos para el desarrollo sostenible.
Hoy, el rostro del campo dominicano es también el de miles de mujeres que, con preparación, liderazgo y determinación, están sembrando no solo alimentos, sino oportunidades, equidad y futuro para toda la nación.


